Portocarrero, René (1912 – 1985)

Nació en El Cerro, uno de los barrios periféricos de La Habana. Aunque asistió a clases en la Academia de Artes Plásticas San Alejandro, su formación fue principalmente autodidacta. Realizó su primera exposición, en el Lyceum de La Habana, en 1934. Más tarde trabajó en el Estudio Libre para Pintores y Escultores de La Habana, junto con Mariano RRodríguez Vinculado a la generación de poetas del llamado «grupo de Orígenes», publicó dibujos en varias revistas literarias, como Verbum, Espuela de Plata y Orígenes. Durante esta época publicó dos libros: Las máscaras (1935) y El sueño (1939), el segundo de los cuales incluía también textos del pintor. Fue amigo del poeta José Lezama Lima, que escribió varios textos sobre la obra de Portocarrero.En 1943 fue profesor de dibujo libre en la Cárcel de La Habana, donde pintó un mural de temática religiosa. Durante estos años inició también ciclos de obras, con títulos como Interiores del Cerro, Festines y Figuras para una mitología contemporánea.En 1944 expuso sus obras en Nueva York, en la Julian Levy Gallery y en el Museo de Arte Moderno. Se interesó posteriormente por las fiestas populares cubanas, tema al que dedicó una serie de pinturas al pastel. Hacia 1950 comenzó a trabajar en la decoración de piezas de cerámica, en el Taller Experimental de Santiago de Las Vegas. Con esta técnica en llevó a cabo un mural de grandes dimensiones, titulado Historia de las Antillas, para el hotel Habana Hilton (hoy Habana Libre). En 1951 recibió el Premio Nacional de Pintura por su cuadro Homenaje a Trinidad, actualmente en el Museo de Bellas Artes de Cuba, que supone el inicio de una serie de paisajes inspirados en la capital cubana, los llamados «Paisajes de La Habana».En 1962, inauguró la exposición «Color de Cuba», sobre motivos de la santería afrocubana. El carnaval cubano fue el tema de otra de sus series de cuadros, «Carnavales» (1970-1971). Participó en la Bienal de São Paulo en 1957 y 1963, y en la de Venecia en 1952 y 1966.

Es en la actualidad considerado una de las figuras más destacadas de la plástica cubana y uno de los principales artistas del siglo XX en Cuba. Sus temas pictóricos están a menudo relacionados con la tradición afrocubana, abordada desde una perspectiva poética.​ Su estilo, caracterizado por un vibrante colorido, ha sido considerado de raíz barroca. Realizó más de 20 exposiciones personales y 60 colectivas.

Flora es la diosa de las flores y de los jardines, amada de Céfiro y madre de la Primavera, también es, un sugestivo nombre de mujer; la flora es el conjunto de las plantas que crecen en una región, pero existe una que a la vez son muchas FLORAS, y aunque algunas se hallan cerca de las cinco décadas, siguen seduciendo a miles de personas en todo el mundo.

Me refiero a una de las figuras emblemáticas del gran pintor cubano René Portocarrero (1912-1985), nacido en el habanero barrio de El Cerro. Por cierto, a propuesta de la mayor de las Antillas, la Unesco acordó celebrar su centenario.

Portocarrero señaló en una oportunidad que al triunfo de la Revolución al ver el arribo de los barbudos de la guerra, todos llenos de abalorios, de adornos, “fue una expresión extraordinaria. Yo siempre he sido muy barroco, como decía Alejo. Y fue como ir al encuentro de mi propia pintura, y eso sin proponérmelo, porque yo nunca me propongo nada de antemano. Pintar, pinto con muchísimo libertad”“ Entonces se me produjo esa claridad de lo barroco y de lo ornamental sobre todo, y surgió la serie de figuras ornamentales, de la mujer como ornamento. Para mí son mujeres revolucionarias, es mi mundo, mi contexto, lo que me rodea.” Mas los orígenes de Flora, de sus emblemáticas Floras, están atrás, muy atrás, cuando Portocarrero contaba tan solo ocho años de edad, y tienen que ver con Flora Alonso, una bellísima mujer, de origen catalán, que le impresionó sobremanera.

Ella fue la protagonista de un hecho sangriento. Casada, tenía un amante, de lo cual su esposo se enteró. Celoso y sintiéndose ultrajado lo ultimó a balazos. El padre del futuro pintor, que era abogado, fue el defensor del esposo ultrajado y logró la absolución del matrimonio.Cuentan que cuando Flora regresó a su casa, allí estaba René y vio cómo la coqueta dama se engalanaba con un hermoso sombrero y sus costosas joyas. Este acontecimiento lo marcaría para siempre. Así diría: “Mi padre tenía las joyas de Flora en la casa. Allí las veía a menudo. Vi cuando ella se adornaba. ¡Qué mujer más hermosa! Esa fue la Flora Alonso que he pintado. Después hasta el Ballet Nacional ha montado una obra inspirado en ella.”Esa pieza danzaria, nombrada Flora, tiene coreografía de Gustavo Herrera; música de Sergio Vitier; escenografía de Ricardo Reymena y vestuario de Julio Castaño, sin narrar una anécdota específica, tanto en su coreografía como en los diseños de escenografía y vestuario, pretende recrear, a manera de homenaje, la atmósfera presente en las Floras del pintor, e intenta ser, como los óleos, símbolo de los femenino cubano y, en general, de lo femenino universal.

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